En la penumbra de los recuerdos, ella se alza como un enigma, un reflejo en el espejo que desafía la lógica y la razón. Su magnetismo, como un imán en mi pecho, me atrapó sin piedad. ¿Por qué? Ni yo mismo lo sé. Quizás porque ella personificaba todo lo que yo no era: la luz frente a mi oscuridad, la risa ante mi silencio.